B.

«Ven, siéntate. Voy a contarte una historia que aconteció sobre estas mismas purpúreas colinas y que…»

«¡Jo! qué rollo, ¡yo quería hoy una de piratas!»

Krothen rió «Otro día pequeño, recuérdamelo. Toma, antes de que comience con mi relato.» y le ofreció al muchacho un trocito de regaliz rojo.

El jovencito se sentó sobre el pie cortado de un ancho roble, frente a su mentor, y clavando los codos en sus rodillas, apoyando su cabecita entre sus manos, se dispuso, sin mucha gana, a escuchar.

A Krothen no se le daba muy bien contar historias ni al trasto de Aloph escuchar, sin embargo, el resto hacía mágicas aquellas tardes en las que ambos se reunían. Los caballeros, piratas, mundos infinitos, seres que sobrepasan los límites de la imaginación y colinas mucho más verdes y extensas que aquellas sobre las que rodaba y corría a diario parecían cobrar vida a través de las palabras de Krothen.

«Érase una vez…»

«Krothy ¿por qué todas las historias comienzan igual?»

El viejo no puedo evitar volver a reir ante otra de las impertinencias del jovencito.

«Ese es un tema que dejaremos para otro día, hoy nos espera una tarde muy larga. Aún así, lo importante de las historias no es cómo empiezan, sino cómo terminan y esta no tiene final por el momento. «Así pues… -se aclaró la garganta- …comienzo.»

«Has oido hablar alguna vez de Zùrie , supongo…»

«He escuchado a Aydan hablar de ella alguna vez pero no ha querido contarme nunca nada.» – afirmó el muchacho desconsolado.

«Aydan, no podría ser otro…maldito cabrón…digo…¡no te creas sus historias! ¿qué es lo que has oido sobre ella?»

«Tan solo algo sobre el corazón de Ainha, un hermano traidor y algo de  regresar a casa.»

Krothen miró hacia el vacío celeste con cierto aire melancólico y un haz de oscuridad en sus ojos.

«Te contaré la verdadera historia si prometes no contársela nadie a menos que te diga lo contrario ¿trato?»

«Vale ¿sellamos el trato con otro regaliz?» -dijo Aloph picarón.

«No sabes nada…toma anda. Zùrie fue en un tiempo una muchacha tan avispada como tú y también se pasaba tardes enteras escuchando mis “rollazos” como tú dices, bajo este roble.»

«¿Tú la conociste en persona?»

«Tal cual te veo a ti, me parece estar viéndola en tus ojitos acristados y tus cabellos dorados y enmarañados…Cada día que pasa me olvido un poquito más de su infantil rostro y de la fuerza oculta tras él.

Maldito…si alguien me escucha, ¡que le quemen vivo de una vez! grandísimo…hum, hum…perdón, como iba diciendo, Zùrie era una muchacha como otra cualquiera pero tenía algo especial, hija de Medea, la cual había hecho por Aihna más que cualquier otro ser que haya atravesado nuestra esfera jamás, sin embargo, ella, inconsciente de los hechos, pasó su infancia aquí, en Ulhä y entre nosotros como una más hasta que pasados los años llegó la noticia de la desaparición de Ainha junto a sus otros hermanos.

En ese momento el hijo de su…quien ya sabes subió a por Zùrie y se la llevó, desde entonces no he vuelto a verla, a saber qué milongas le contaría, pondría mi mano sobre esta hoguera a que él fue el causante de todo, lo sé…»

«¿Y dónde está ella ahora?» –El anciano había conseguido como pocas veces enganchar a Aloph por completo al relato.

«Por lo que he podido saber gracias a un buen amigo mio, conocedor de cantares y caminos de este y otros cientos de mundos más, fue desterrada, y tras obligarla a deshacerse de sus alas y a cortarse su dorada melena, fue condenada a vivir en un cuerpo mil veces más frágil a unas 8 o 9 esferas de Ulhä sirviendo a esos seres tan estrafalarios que habitan en un planeta llamado La Tierra…»

«¡Ah! ¡si! lo he estudiado en el cole, aunque no se por qué lo llaman así si la mayoría de su superficie es agua…»

«Lo habitan unos seres muy extraños como bien te he dicho, otro día te hablaré de ellos…¿sabes que sienten eso que dicen dolor?»

Pues bien, parece ser que Zùrie está allí con la esperanza de que la dejen volver algún día si cumple bien su trabajo…guiar por el buen camino a esos humanos no es tarea fácil, son más retorcidos que tus regalices y más testarudos que yo jajaja ¿puedes imaginártelo? pero poniendonos serios…

Por otro lado sus hermanos Tsérofel y Blue han ido en su busca recientemente pero al no disponer de cuerpo libre no tienen poder alguno para moverse por la esfera…y yo ya no puedo hacer mucho, los eones pesan en la espalda lo creas o no…»

«¡Yo iré por ella! y ¡la traeré de vuelta!»

«Tú en cuanto llegues a tu casa a la cama, niño insolente.»

«¡No! iré a por mi espada y la traeré, yo solo puedo con un cuatrillón de esos humanos.»

«Creo que dejaré de contarte tantos cuentos de caballeros.»

«¡Iré! me servirá como exámen, si consigo traerla habré terminado con todo esto y mi madre estará por fin orgullosa de mi y me comprará la bici que quiero.»

«¿Para qué quieres una bici pudiendo volar, zopenco? Muy bien, asignado ha sido, te convertiré en animal de compañía.»

«¿¡Qué?!»

«¿No pretenderás aparecer allí así tal cual por arte de magia y con tu aspecto?»

«¿¡Qué le pasa a mi aspecto?! que no me haya peinado esta mañana no significa que…»

«Digamos que no somos lo habitual allí, lo mismo te toman por qué se yo…y la liamos, asi que…»

«Déjate de tonterías viejo -dijo insolente el joven- cogeré dinero, porque a saber cuánto tiempo se tarda en llegar allí, y algo de…¡ni se te ocurra viejo loco! ¡no me jod…!»

…Us’dum’nilè…

«Muy bien misifú, tan solo te he contado la mitad de la historia, pero veo que tienes agallas y ganas de aventura asi que tu misión será cuidar de mi pequeña hasta que consiga, ya sea o no por sus propios medios, regresar a casa. Cuando llegues pregunta por Ayle y…ten mucho cuidado.»

«¿miau

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