Pues yo soy yo

Hoy en clase hemos visto el pequeño prólogo de la película UP que aún tengo pendiente para ver.

Es curioso pensar que casi cualquier persona con cierto grado de sentimentalismo se emocionaría  ante tales escenas, sin embargo, es más curioso que una persona se emocione, y no precisamente para bien, al ver a los demás expresar sentimientos ante tal situación, me resulta algo tan mecanizado, tan “debe ser así”, tan frío, tan hipócrita… Es de las sensaciones más extrañas que he tenido, os puede sonar extremista pero era como ver llorar a las frías farolas metálicas en una noche de invierno, pues muchas personas para mi se han convertido en meras sombras o máquinas errantes.

Es harto comentar el tema de que esta sociedad está sumida en un sueño eterno de individualismo, siempre he querido pensar que todo era como un film, te levantas por la mañana y ahí lo tienes, pasando en una gran pantalla a lo largo del día, sin embargo no es tan placentero cuando te ves dentro de ella.

Muchas de aquellas personas que se creen libres son las más encerradas, en vamos a llamarlo diferentes tamaños de arquetipos. Personas que se sienten diferentes del resto, que se hacen destacar por algo que sepan hacer o que son o intentan ser, y como consecuencia que se sienten liberadas de ese sueño gris. Esas personas que muchas veces desprecian o simplemente ignoran a las que no destacan en primera instancia, a esas personas que sin embargo, saben hacer y son todo lo que los demás saben hacer y son, pero que no ven necesidad de crearse ese propio arquetipo para destacar entre el resto.

Sentada en la cafetería, comiendo casi a toda prisa para llegar a tiempo a la siguiente clase, se podía observar claramente. Todos los alumnos que presumen de ésto que acabo de mencionar, separados perfectamente en grupitos según su categoría. Y qué curioso, que fuese la chica que esconde el cuaderno de dibujo en cuanto pasa alguien al lado la que se sentase sola; el chico que leía ese libro que nunca irías enseñando por el campus, no vaya a ser que te llamen infantil o raro, que levantaba la mirada y rápidamente la bajaba, se se sentase solo; que la chica extrangera que tenía un tupper lleno de su cultura e interpusiese su mochila entre ella y tu campo de visión, se sentase sola, que el el hombre trajeado y bañado en gomina estuviese escuchando cierto tipo de música nada acorde con su indumentaria, también se sentase solo.

Pues bien, estoy segura de que esas personas tienen mucho más de lo que presumir, porque no necesitan demostrar nada a nadie, porque son de muchas cosas y únicos a a vez. Porque esas personas son poetas, dibujantes, grandes escritores, con hobbies de lo más curiosos, con estéticas que no tienen por qué mostrar lo que hay en su interior, PORQUE SON LIBRES. Libres de vestirse cada mañana como les de la gana sin tener que seguir el canon que impone la música que generalmente escuchan, el canon que impone algunos de sus gustos o pasatiempos.

Porque “los que vivimos en una pompa” no somos los raros, sino más bien al contrario, y si tú tienes tu propia pompa, estarás cansado o cansada de no encajar en ningún grupo, de que se valore más al que se sienta a tu lado porque escribe poemas y los publica en su muro todos los días ¡aunque sean una real mierda!, que se valore más al que enseña sus dibujos que podría haber hecho tu hermano pequeño, a que se llame músicos a gente cerrada en un solo estilo y que no sepa hacer otra cosa, para mi eso no es amar la música, a que se llame fotógrafos a todos los que suben su foto diaria a Instagram…pues bien, tú sabes hacer todo eso y el por qué haces todo eso, y que no tienes que demostrar a nadie lo que haces si no quieres, porque eres capaz de ver más allá y porque al final será gente como tú la que realmente valore lo que haces. Todos los demás seguirán felices en su círculo feliz de amigos y sus insípidos arquetipos.

Así que la mejor respuesta que se me ocurre a un “Pues yo escribo poesía y soy un bohemio” es “Pues yo soy yo”.

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Delicatessen. Ritmo: ¿humor o crítica?

Enlace a la escena: http://www.youtube.com/watch?v=TNzt82IM9aE

El fragmento escogido se trata de una de las escenas más originales y extravagantes de la película Delicatessen, obra del director francés Jean Pierre Jeunet conocido por otros films como Amelié y La ciudad de los niños perdidos, y el dibujante Marc Caro, cuyas colaboraciones con el director consiguieron revolucionar la década de los 90 a través de la película cuya secuencia me dispongo a analizar.

La historia se sitúa en un futuro desalentador propio de un ambiente parisino
de los años 20 en el cual se transgreden todos los posibles parámetros de belleza mediante el empleo del color, de los frecuentes planos en picado y contrapicado, los paisajes oscuros y devastadores, y los extravagantes personajes muy diferenciados entre si, pero en cierto modo, conectados por la trama.

Uno de los puntos fuertes de esta escena es el color, que al igual que sucede a lo largo de toda la película, se centra en unas tonalidades anaranjadas, marrones y rojizas llenas de contraste y sombras, fruto de la excelente fotografía de Darius Khondji, que ofrece tanto en esta escena como a lo largo del film una serie de sensaciones que pasan de un extremo a otro en concordancia con la imagen. Es decir: los colores cálidos en un principio sugieren apetito, exquisitez, que es la primera impresión que se tiene con un mero vistazo al título de la película, pero se transforman en un sentimiento de angustia, casi macabra según empiezan a aparecer las imágenes.

Sin embargo, lo más destacable de esta escena es la utilización del sonido. La armoniosa mezcla de los elementos sonoros, su destacable ritmo, son sin duda los pilares que sostienen la coherencia de este fragmento. Todos los efectos diegéticos de la escena: el contrabajo de Julie, las cajas agujereadas de los hermanos Kube, la alfombra sacudida por la vecina, la bomba de aire de la bicicleta y el rodillo de Louision se sincronizan casi mágicamente con el rechineo de los muelles de la cama del carnicero formando una melodía extradiegética que compone la «música» del fragmento.

Pero la cuestión que intento abarcar con este análisis es si este proceso rítmico
de sonido e imágenes es simple capricho de Jeunet para crear un instante cómico o realmente tiene una concordancia entre sí y un trasfondo en la historia de los personajes.

Los distintos planos medios, primeros planos de los personajes y de los elementos que crean el sonido que estos mismos producen, se van uniendo, de cierta forma, al igual que se unen las distintas personalidades de los personajes frente al mismo problema, el de sobrevivir, a través del sistema de calefacción del edificio, terminando en una serie de cortes salvajes de planos detalle de los elementos que generan los sonidos según aumenta la velocidad del ritmo.
Este punto de vista puede conexionarse con que las relaciones de poder establecidas entre los habitantes del edificio son un claro reflejo de un sistema totalitario basado en el terror liderado por el carnicero. Se puede apreciar cierta crítica de cómo la gente se termina sometiendo ante su mayor temor y cómo se adapta al «ritmo» de su superior, en este caso, el carnicero. Los personajes, aparentemente realizando sus labores cotidianas se ven, efectivamente, forzados de forma inconsciente a seguir el ritmo de los muelles que hace sonar el carnicero.

Es posible que desde este punto de vista esta sea la única conexión apreciable entre los inquilinos tan dispares entre si, y que a pesar de que de de un primer
vistazo pueda resultar una escena cómica y estrafalaria, al igual que el resto de la película, se esconda una inmensa crítica a los sistemas totalitarios, al sometimiento y la ignorancia de la masa y a las jerarquías establecidas tras un periodo de guerra como el que se insinúa desde un principio en la historia.

C.M.B.

Dirty Black Summer

Una ventana sucia, humedad por doquier, una cama desecha, no, no era lo que podría haber sido…el fin del verano asomaba por las esquinas, era una mierda de tarde lluviosa como las de los domingos en Noviembre. Se había levantado tarde y ni siquiera había puesto empeño en sacudir las sábanas, total ¿para qué? para volver a recostarse en el mismo lecho frío y seco de todos los días. 

Una de esas tardes en las que no sale nadie, que parece que no hay más en el mundo, una de esas en las que ni el puto gato parece hacerte caso, una…

Por no seguir poniendo apelativos que llevan a lo mismo, mandó todo a la mierda, se tumbó en el hueco de su alma con el cuerpo retorcido por las abolladuras del colchón y dejó volar lo que quedaba de tarde.

El viento frío acariciaba su rostro, su cuello, su espalda, se acurrucaba entre todos los rincones de su inmóvil cuerpo mientras las sombras gritaban a través de las paredes. Su sangré se heló durante unos minutos, de su boca apenas salía un halo de vaho que se unía al ambiente cargado con el olor de una barrita ya casi acabada de incienso. Le gustaba quemar media barra en la habitacion todos los días, cargaba el aire de una sensación cálida y agradable, pero esta vez habia dejado inconscientemente que se consumiese hasta el final. 

El frío se introdujo en su corazón tan bruscamente que dejó escapar todo el vaho que quedaba en la palidez de su pecho dejándola apenas sin respiración. Las sombras marcharon tras un grito aterrador hacia donde el ojo humano no es capaz de captar la mas intensa luz del sol. El frío se esfumó con la misma rapidez con la que llegó dejando su cuerpo yaciendo dolorido entre unas sábanas rasgadas por la ira del que ama, por el fuego del que odia, por el amor que no siente.

Alli yació el resto de la tarde, sintiendo como su alma ardía entre llamas azules de ceniza y nacar, para despertar entre la aspereza de aquellas sábanas arrugadas y secas y el ruido de la lluvia al caer que entraba por la sucia ventana…era una mierda de tarde lluviosa…y el otoño habia entrado por su ventana para quedarse entre el calor de sus piernas.

Danzig – Dirty Black Summer (ver apartado Music)

Black Sabbath

“Una figura destaca entre los cristales amarilleados por la luz de una lámpara de escritorio. La noche ha caído hace tiempo y ella se escurre como una sombra por los corredores de una casa de estilo colonial. Una capa de silencio lo cubre todo, todo lo imaginable, pero las penumbras están repletas de pensamientos ruidosos. Las antiguas reminiscencias parecen llamarla hacia un pasado siglo. Su mente soñadora le hace retornar a las épocas de lo maravilloso, y sabe que su pluma, que vuela como un pájaro en inmensos cielos sobre torres ingentes, todo lo puede. Sin embargo, siente un presagio y ve la cárcel que le aprisiona: incluso al borde de la puerta de marfil se da cuenta que todas las bellezas y glorias acaban con la puerta. Pero ¿qué es esa sombra que acecha en las tinieblas y llena la noche de efluvios malsanos? Y la sombra repite una y otra vez: …nunca más…”

Mientras desde el elegante comedor, las absurdas caras de aquella gente la cual apenas había visto en un par de ocasiones y que, sin embargo, se apoderaban de su cálida amabilidad, rompían la magia de ese silencio. Desde la luminosa estancia decorada con las cortinas más rojas que encontró en el desván y con las más suculentas delicias jamás vistas colocadas sobre la mesa como si de una obra de arte se tratase, alguien brindó:

“Acudid acá, mozos, con vuestras jarras de cerveza, y bebed por el presente antes de que se esfume. Apilad en vuestro plato una montaña de carne, pues el comer y el beber nos brinda alivio: así que colmad vuestros vasos, ya que la vida pronto pasará; ¡Cuando estéis muertos no brindaréis a la salud del rey o de vuestra chica!…”

En ese momento ella apareció por la puerta del gran salón, llevaba un largo vestido granate con arreglos de color crema y unas puntillas negras que contrastaban con su bonita expresión atrapada en ese rostro pálido y angelical, nada más lejos de la realidad; miró con cara de pasividad a la masa sentada en sus sillas tapizadas, engullendo con ansia los manjares que se había pasado horas preparando con esmero, y esputó sobre todos ellos:

“That is not dead which can eternal lie,
And with strange aeons death may die. “

Lo sabía demasiado bien…

B.

«Ven, siéntate. Voy a contarte una historia que aconteció sobre estas mismas purpúreas colinas y que…»

«¡Jo! qué rollo, ¡yo quería hoy una de piratas!»

Krothen rió «Otro día pequeño, recuérdamelo. Toma, antes de que comience con mi relato.» y le ofreció al muchacho un trocito de regaliz rojo.

El jovencito se sentó sobre el pie cortado de un ancho roble, frente a su mentor, y clavando los codos en sus rodillas, apoyando su cabecita entre sus manos, se dispuso, sin mucha gana, a escuchar.

A Krothen no se le daba muy bien contar historias ni al trasto de Aloph escuchar, sin embargo, el resto hacía mágicas aquellas tardes en las que ambos se reunían. Los caballeros, piratas, mundos infinitos, seres que sobrepasan los límites de la imaginación y colinas mucho más verdes y extensas que aquellas sobre las que rodaba y corría a diario parecían cobrar vida a través de las palabras de Krothen.

«Érase una vez…»

«Krothy ¿por qué todas las historias comienzan igual?»

El viejo no puedo evitar volver a reir ante otra de las impertinencias del jovencito.

«Ese es un tema que dejaremos para otro día, hoy nos espera una tarde muy larga. Aún así, lo importante de las historias no es cómo empiezan, sino cómo terminan y esta no tiene final por el momento. «Así pues… -se aclaró la garganta- …comienzo.»

«Has oido hablar alguna vez de Zùrie , supongo…»

«He escuchado a Aydan hablar de ella alguna vez pero no ha querido contarme nunca nada.» – afirmó el muchacho desconsolado.

«Aydan, no podría ser otro…maldito cabrón…digo…¡no te creas sus historias! ¿qué es lo que has oido sobre ella?»

«Tan solo algo sobre el corazón de Ainha, un hermano traidor y algo de  regresar a casa.»

Krothen miró hacia el vacío celeste con cierto aire melancólico y un haz de oscuridad en sus ojos.

«Te contaré la verdadera historia si prometes no contársela nadie a menos que te diga lo contrario ¿trato?»

«Vale ¿sellamos el trato con otro regaliz?» -dijo Aloph picarón.

«No sabes nada…toma anda. Zùrie fue en un tiempo una muchacha tan avispada como tú y también se pasaba tardes enteras escuchando mis “rollazos” como tú dices, bajo este roble.»

«¿Tú la conociste en persona?»

«Tal cual te veo a ti, me parece estar viéndola en tus ojitos acristados y tus cabellos dorados y enmarañados…Cada día que pasa me olvido un poquito más de su infantil rostro y de la fuerza oculta tras él.

Maldito…si alguien me escucha, ¡que le quemen vivo de una vez! grandísimo…hum, hum…perdón, como iba diciendo, Zùrie era una muchacha como otra cualquiera pero tenía algo especial, hija de Medea, la cual había hecho por Aihna más que cualquier otro ser que haya atravesado nuestra esfera jamás, sin embargo, ella, inconsciente de los hechos, pasó su infancia aquí, en Ulhä y entre nosotros como una más hasta que pasados los años llegó la noticia de la desaparición de Ainha junto a sus otros hermanos.

En ese momento el hijo de su…quien ya sabes subió a por Zùrie y se la llevó, desde entonces no he vuelto a verla, a saber qué milongas le contaría, pondría mi mano sobre esta hoguera a que él fue el causante de todo, lo sé…»

«¿Y dónde está ella ahora?» –El anciano había conseguido como pocas veces enganchar a Aloph por completo al relato.

«Por lo que he podido saber gracias a un buen amigo mio, conocedor de cantares y caminos de este y otros cientos de mundos más, fue desterrada, y tras obligarla a deshacerse de sus alas y a cortarse su dorada melena, fue condenada a vivir en un cuerpo mil veces más frágil a unas 8 o 9 esferas de Ulhä sirviendo a esos seres tan estrafalarios que habitan en un planeta llamado La Tierra…»

«¡Ah! ¡si! lo he estudiado en el cole, aunque no se por qué lo llaman así si la mayoría de su superficie es agua…»

«Lo habitan unos seres muy extraños como bien te he dicho, otro día te hablaré de ellos…¿sabes que sienten eso que dicen dolor?»

Pues bien, parece ser que Zùrie está allí con la esperanza de que la dejen volver algún día si cumple bien su trabajo…guiar por el buen camino a esos humanos no es tarea fácil, son más retorcidos que tus regalices y más testarudos que yo jajaja ¿puedes imaginártelo? pero poniendonos serios…

Por otro lado sus hermanos Tsérofel y Blue han ido en su busca recientemente pero al no disponer de cuerpo libre no tienen poder alguno para moverse por la esfera…y yo ya no puedo hacer mucho, los eones pesan en la espalda lo creas o no…»

«¡Yo iré por ella! y ¡la traeré de vuelta!»

«Tú en cuanto llegues a tu casa a la cama, niño insolente.»

«¡No! iré a por mi espada y la traeré, yo solo puedo con un cuatrillón de esos humanos.»

«Creo que dejaré de contarte tantos cuentos de caballeros.»

«¡Iré! me servirá como exámen, si consigo traerla habré terminado con todo esto y mi madre estará por fin orgullosa de mi y me comprará la bici que quiero.»

«¿Para qué quieres una bici pudiendo volar, zopenco? Muy bien, asignado ha sido, te convertiré en animal de compañía.»

«¿¡Qué?!»

«¿No pretenderás aparecer allí así tal cual por arte de magia y con tu aspecto?»

«¿¡Qué le pasa a mi aspecto?! que no me haya peinado esta mañana no significa que…»

«Digamos que no somos lo habitual allí, lo mismo te toman por qué se yo…y la liamos, asi que…»

«Déjate de tonterías viejo -dijo insolente el joven- cogeré dinero, porque a saber cuánto tiempo se tarda en llegar allí, y algo de…¡ni se te ocurra viejo loco! ¡no me jod…!»

…Us’dum’nilè…

«Muy bien misifú, tan solo te he contado la mitad de la historia, pero veo que tienes agallas y ganas de aventura asi que tu misión será cuidar de mi pequeña hasta que consiga, ya sea o no por sus propios medios, regresar a casa. Cuando llegues pregunta por Ayle y…ten mucho cuidado.»

«¿miau

Blue Orchids

Un poco de tinta, un frasco derramado sobre el escritorio y una pluma con la punta doblada que aún intenta volar…un poco de carmín, un pincel rígido teñido de rojo, unos labios agrios…un espejo manchado de pintalabios…

«¿Cómo te atreves?»

Irrumpió en la habitación como alma que carga al diablo, rompiendo la extraña aura que rodeaba su cuerpo desnudo. Allí estaba, ¡creando! creando lo que iba a ser, pintando de color lo que el espejo no tenía capacidad para colorear.

«Ha llegado algo para usted…tiene etiqueta pero no consigo enterder lo que pone, está escrito en un dialecto extraño…»

«O que lo ha escrito un mono con el pie…¡trae!»

Una, dos, tres, cuatro…¡un ramo!, un ramo para la mano más fría del mundo, un ramo de orquídeas blancas…

«¡¿Pero qué?! Puedes irte…»

Marchó tal cual entró en la habitación.

No pudo evitarlo, de sus labios salió algo, una especie de arruga poco marcada, una sonrisa…o algo similar, una sonrisa a medias de ser dulce, a medias de ser amarga. Cuando del ramo tomó un capullo escondido entre tanta flor, éste se abrió tornándose de un azul claro…no tan claro…un azul oscuro, más oscuro que el azul de sus ojos, que el azul de su piel, que el azul de su alma.

Cogió la etiqueta y tiró el resto del ramo a la papelera ubicada bajo la mesa. Efectivamente, en la etiqueta ponía algo, algo que cualquiera que intentase descifrarlo acabaría volviéndose loco, pero ponía algo…Se le daban bien los idiomas, aunque quizás el escrito no podría considerarse siquiera eso, tan solo lo conocía una persona y ella no era esa persona, aunque sin saber cómo y sin haber visto esas malditas letras en su vida sintió cómo esa caligrafía se le clavaba en el corazón, cómo un escalofrío recorría cada rincón insólito de su desnudez.

Volvió al espejo, miró su cara, o lo que se veía de su cara entre los manchones de carmín…riendo, llorando, descojonándose…sabía quien había mandado esas flores…y había logrado esa reacción.

Aihna

«Avanzo con paso decidido y firme. He dejado mucho atrás…todo, aquí, pero también he esperado mucho a que llegase el momento de regresar. Ya no soy lo que fui, antes las estrellas me acogían entre ellas y comentaban el secreto de la eterna juventud, ahora tan solo conservo esta falsa cara tras la cual los años se hacen notar en mis cansados ojos que han perdido gran parte de su color. Mis alas se caen a pedazos por momentos y mis cabellos se tiñen oscuros por tratar de ocultarlos a este mundo extraño que jamás conocerá la belleza de mi querida…»

 

Aihna, ciudad de calles encantadas. En la lejanía se podría percibir su melodía acompañada de esa luz azul intenso que ha empapado mi cara cada mañana en aquellos días que no consigo recordar…Aihna, oh mi vida, cuánto tiempo ha espirado desde que no percibo el aroma enredado en tus cabellos, hojas que se mecen al viento que seca las lágrimas de los inmensos sauces llorones que guardan tu puerta.

He visto mundo, he aprendido nuevas lenguas, he buscado aquello que no conocía, he soñado…estoy orgullosa de lo que he hecho, los días que he pasado, —su cara bañada por un haz de juventud revelaba una edad no mayor a la veintena pero sus ojos adivinaban su verdadero ser— he visto cosas que no se pueden ver, cosas inimaginables de este mundo y de muchos otros, pero es ahora cuando siento que de verdad quiero volver a casa…dime pues, qué he de hacer o acabaré consumiéndome como hizo mi hermano…devorándome a mi misma en un mar de desesperación por intentar encontrar el origen de semejante abominación…

Cuentan que hace eones, en la ruinosa ciudad conocida ahora como Viandme, los soles brillaron con el mayor fulgor, que el verde era color sobre color y que el agua corría por su sistema llevando cada gota de sabiduría a sus gentes. No era una ciudad, era un organismo vivo, respiraba y sentía como te siento ahora a ti. La luz era su mayor virtud y la salvaje melodía de flautas y violines tronaba en las noches en las que la luna deshacía su cama y se dejaba acariciar por las estrellas.

Sus habitantes, seres codiciosos con la grandeza que poseían decidieron crear algo que protegiese por siempre su dicha de manos de aquellos que intentaban violar el corazón de la grandiosa Aihna, como la llamaban por aquel entonces. Para ello, cegados por la codicia y el deseo, abrieron a su amada en canal y tomaron un pedazo de su corazón a partir del cual os crearon a tí y a tu hermano Ziën. No erais más que dos gotas de sangre azulada cuando nacisteis.

Ziën…

Llevados por la envidia lograron corromper a tu hermano, llevándole al máximo caos tras la creación de todos aquellos mundos que has podido conocer durante tu misión.

En efecto, tras la desaparición de Ziën entre las sombras, te enviaron en su busca…hasta ahora. Tu marcha y con ello el abandono de la ciudad a manos de la locura hizo lo que ahora puedes ver, sin embargo escritos dicen que tras la extracción del corazón de Aihna se conservó un pedazo que sobró y que se conserva vivo en algún lugar del cosmos, la perdida y resplandeciente ciudad sin nombre…

El resto del alma de la metrópolis ha desaparecido por completo como puedes ver…mi niña —dijo acariciando su frío rostro— ya sabes el principio, ahora parte y trae contigo la continuación, nunca el final pues ni yo se si todo esto terminará algún día…sigue buscando a tu hermano y haz brillar de nuevo aquella a quien tanto amas y cura de odio y oscuridad a todo aquel desdichado ser que se cruce en tu camino y ante todo…

Aydan era jóven y apuesto, de largos cabellos plateados y con un rostro afable y alegre pero la sabiduría reflejada en sus ojos hacía estremecer a cualquiera. Había visto y oido más que nadie en cualquier esquina de este maldito lugar y me había costado la vida dar con él, sin embargo apenas le dejé terminar, ya había salido por la puerta con la sangre coagulada de odio y la chupa en la mano.

 

«Oh Mother Moon, illuminate my return ‘cause the road I took is so obscure…»