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SAGA DE ANIMACIÓN: DÍA 8 Invention of Love

Hoy es viernes…y si, es San Valentín, ese día en el que la gente se vuelve estúpida por momentos, pero tranquilos, tampoco vengo a fastidiarioslo. Os traigo un corto apropiado para hoy, eso si, no con final feliz. Porque el amor no es hacer la gracia un día, una vez al año; el amor viene y el amor se va, crece y se marchita y llega un momento en el que muere. Muy probablemente, la mayoría de las personas que están hoy con la tontería ni siquiera sean totalmente conscientes de lo que es. ¿Y qué sabré yo con solo 22 añitos pensaréis? Bueno, dejemoslo en que tengo 376 años y mucha experiencia a mis espaldas, si, hoy os escribe Tsérof.

Volviendo al cortometraje, resulta que fue la inspiración para la primera fotonovela que realicé “The Clockwork Rose” hace ya un par de años.

Con una estética Steampunk muy cuidada es un corto que me hizo decantarme más por otro de los subgéneros de este retrofuturismo. Siempre he pensado que el Greenpunk surgió a través de este corto, y si no, es la clara representación de por qué apareció.

Espero que dejando de lado que sea hoy, os conmueva esta historia de mi vida hecha corto de animación. Para los que pasen el día “solos”, recordarles que hoy también es el día de la amistad y de que el amor tiene muchas facetas y no únicamente se reserva a tener pareja ; )

Los creadores:

Escrito y dirigido por Andrey Shushkov

Sonido y música original por Polina Sizova, Anton Melnikov y Anna Gudkova
Salvo la música del 4’26 por Chopin.

Tsérofel
Para los curiosos ahí os dejo también la fotonovela: https://www.youtube.com/watch?v=tPuzXn2AKt8

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47º 35′ 68”

Desde los acantilados de Calisto…

Creo vislumbrar la ciudadela a lo lejos…¿Es posible que…? ¿Tú qué dices Ziën?

– Yo solo veo negro sobre negro, oscuridad sobre sombras proyectadas por la noche sin luna…

Vale, no sigas, ya conozco tus discursos.

– No veo nada, no veo, Zùrie, y nunca la veré, ¡Nunca la veremos! Por mucho que te gastes en lupas para el telescopio y te pases las noches apuntando coordenadas en tus papelotes…¡Zùrie! ¿Me estás escuchando? ¡Ríndete de una maldita vez y vámonos a casa!

A casa…

– Si, a casa, a Ayleszury, a nuestro apartamento, debe estar lleno de polvo y te toca limpiar.

Unos par de meses, no más, estoy tan cerca…

-“Un par de meses, no más” -burlándose- Estoy harto de tu cabezonería y tus sueños imposibles. No, no me iré sin ti.

Mira…cerca de Miranda, a la izquiera de Ariel…

-Yo lo único que veo son un montón de puntos con formas raras y lo que parece ¿Neptuno? ¡Vámonos!

Urano…

– Urano, Neptuno…¿Qué más da? Vámonos a casa. Venga, recoge todo esto y vámonos ¿Zùrie? ¿Me estás oyendo?

-…me…me está hablando…

– ¿Qué?

– Que me está hablando…¡Alcánzame ese pape! ¡Rápido!

-¿¡Pero estás chalada?! Ya es el colmo, ¿Ves normal que tenga que aguantar siempre tus gracias de niña pequeña? ¿Qué será lo siguiente?…te…

Zùrie, nada más terminar de escribir, muestra el papel a su hermano. Éste está lleno de garabatos rápidos e incomprensibles que comienza a recitar:

“Φαίνεται σαν οι θεοί,
ότι άνθρωπος καθισμένος απέναντι από εσάς,
από την πλευρά σας,
ακούω υπέροχη γλυκιά φωνή σας και σας γελάσω …
Έχει μετατραπεί η καρδιά στο στήθος,
Κοιτάζω μόνο και μόνο επειδή δεν μπορώ να μιλήσω.
αλλά η γλώσσα μου είναι κατεψυγμένα,
φως φωτιά τρέχει κάτω από το δέρμα μου
τίποτα δεν μπορεί να δει τα μάτια μου,
Αυτιά μου ήταν κλήσης”

-¿Qué demonios?

“ιδρώτας με καλύπτει,
Έχω όλα τρόμος,
Είμαι χλωμότερα από χόρτο
και νομίζω ότι είμαι κοντά στο θάνατο
Και όμως, θέλω να πεθάνω στην αγκαλιά σου….
είστε Aina μου, είσαι το όνειρό μου, είσαι το σπίτι μου”

-¿Se puede saber qué es eso?

Es griego…pero en un dialecto extraño…

-¿Y bien?

Dice:

Me parece semejante a los dioses,
ese hombre que sentado frente a ti,
a tu lado,
escucha tu dulce voz y tu risa adorable.

Me ha dado un vuelco el corazón dentro del pecho,
apenas te miro, ya no me es posible hablar.
sino que mi lengua se hiela,
un leve fuego me corre bajo la piel
nada pueden ver mis ojos,
me zumban los oidos,
me cubre el sudor,
un temblor me posee,
me siento más pálida que la hierba
y parece que estoy a punto de morir,
y aún así, quiero morir entre tus brazos.
Tú eres Aihna, eres mi sueño, eres mi hogar…

-Ah…

¿…como no…?

-¿Qué?

¿…cómo no me he dado cuenta antes…?

¿De qué estas hablando?

– Yo, es decir…yo he dicho eso…a través de ella…tú…soy yo…somos nosotros…Aihna…

Ehm…

-Está aquí, en el corazón del infinito,

Estás insinuando que…

– Zùrie asiente-

-Ziën rompe a carcajada limpia- Vamos Zùrie, tienes que dormir…esta chica…qué cosas tiene…¡Vámonos!

Yo no voy a ninguna parte ¿Por qué no quieres verlo? ¿Por qué te niegas a ello? ¡Lo tienes frente a tí! ¡Siempre ha estado aquí!…y tú…¡Tú lo sabías! ¿Por qué no me dejabas verlo? ¡¿Por qué?!

– Porque…sabrías que habrías perdido todo, tus sueños…que todo tu camino habría sido en valde…cuando ya lo has encontrado sin saberlo…y habrías acabado igual que yo…

Pero…Ziën…

– Tú la anhelabas tanto, y yo…yo la sufro día tras día…yo…yo no puedo volver.

Ziën…

– Bien, ya lo sabes…no la dejes marchar, no la pierdas otra vez…yo vuelvo a Ayleszury, alguien tiene que limpiar un poco el polvo…tú vuelve a Aihna…y no caigas en el mismo error que yo…adios Zùrie.

Besa a su hermana tiernamente en la frente y se marcha una vez más.

Entonces…ya no necesitaré todos estos trastos – refiriéndose a diversos artilugios de astronomía.

-Quédatelo, así podrás mirar en las noches frías y buscarme…si es que me necesitas…solo tienes que mirar hacia el cielo…como haces siempre.

“Tú eres mi Aihna, tú fuiste mi sueño, tú serás mi hogar”

Tsérofel

Un hombre que no supo llorar, sauces llorones, para el caso es lo mismo.

Cuentan que todas las noches de luna él se alimentaba a través de sus raices de las lágrimas de su amada, y que tras muchos, muchos años, ésta sirvió de alimento para su inmortal corazón astillado…pasados muchos años, ante la presencia mortal de su savia, cuando las sustancias putrefactas de Alexandría llegaron a sus entrañas, lleno de ira debido a su condición, se prendió fuego así mismo liberándose misteriosamente del fatídico hechizo.

Sin embargo, de su corazón de roble aún siguen brotando espinadas rosas que se retuercen sobre sí mismas y que le matienen vivo, alimentandose de odio, esperando que alguien las arranque de raíz, buscando a aquel que destrozó su alma y su corazón, aquel que lo mantuvo tan alejado y a la vez tan cerca de lo único que pudo amar en vida…

Desde entonces, su sed de justicia se alimenta de los grabados de su piel ahora reblandecida, de aquel poema que grabó en su torso tras el instante de la muerte de Alexandría.

“He tenido muchas formas antes de adoptar esta indeseable.
He sido una espada, de forma estrecha;
he sido una lágrima en el cielo,
una titilante estrella,
he sido una palabra en una carta,
he sido en mis orígenes un libro,
he sido un rayo de luz reluciente.
Un año y medio,
he sido un estable puente
sobre los flujos de la compasión,
he sido un atajo, un águila,
una canoa de mimbre y cuero,
he sido de un callado la dirección,
una chimenea en un recinto abierto,
he sido un escudo, una cuerda en un arpa.
Forma cambiante, nueve años,
en agua, en espuma, y
ahora seré consumido por el fuego.
He sido pasión en la espesura.
Fui amor al conocer tu alma pura,
He sido Dios en las pupilas de tu corazón,
y juro volver a verte.
Oh, amor, yo te juro, Alexandría.”

Es por ello que en los bosques de las profundas colinas de Ulhä acabarán frente al que llaman putrefactor de corazones…al alma en pena de Tsérofel.

Blue Orchids

Un poco de tinta, un frasco derramado sobre el escritorio y una pluma con la punta doblada que aún intenta volar…un poco de carmín, un pincel rígido teñido de rojo, unos labios agrios…un espejo manchado de pintalabios…

«¿Cómo te atreves?»

Irrumpió en la habitación como alma que carga al diablo, rompiendo la extraña aura que rodeaba su cuerpo desnudo. Allí estaba, ¡creando! creando lo que iba a ser, pintando de color lo que el espejo no tenía capacidad para colorear.

«Ha llegado algo para usted…tiene etiqueta pero no consigo enterder lo que pone, está escrito en un dialecto extraño…»

«O que lo ha escrito un mono con el pie…¡trae!»

Una, dos, tres, cuatro…¡un ramo!, un ramo para la mano más fría del mundo, un ramo de orquídeas blancas…

«¡¿Pero qué?! Puedes irte…»

Marchó tal cual entró en la habitación.

No pudo evitarlo, de sus labios salió algo, una especie de arruga poco marcada, una sonrisa…o algo similar, una sonrisa a medias de ser dulce, a medias de ser amarga. Cuando del ramo tomó un capullo escondido entre tanta flor, éste se abrió tornándose de un azul claro…no tan claro…un azul oscuro, más oscuro que el azul de sus ojos, que el azul de su piel, que el azul de su alma.

Cogió la etiqueta y tiró el resto del ramo a la papelera ubicada bajo la mesa. Efectivamente, en la etiqueta ponía algo, algo que cualquiera que intentase descifrarlo acabaría volviéndose loco, pero ponía algo…Se le daban bien los idiomas, aunque quizás el escrito no podría considerarse siquiera eso, tan solo lo conocía una persona y ella no era esa persona, aunque sin saber cómo y sin haber visto esas malditas letras en su vida sintió cómo esa caligrafía se le clavaba en el corazón, cómo un escalofrío recorría cada rincón insólito de su desnudez.

Volvió al espejo, miró su cara, o lo que se veía de su cara entre los manchones de carmín…riendo, llorando, descojonándose…sabía quien había mandado esas flores…y había logrado esa reacción.

Aihna

«Avanzo con paso decidido y firme. He dejado mucho atrás…todo, aquí, pero también he esperado mucho a que llegase el momento de regresar. Ya no soy lo que fui, antes las estrellas me acogían entre ellas y comentaban el secreto de la eterna juventud, ahora tan solo conservo esta falsa cara tras la cual los años se hacen notar en mis cansados ojos que han perdido gran parte de su color. Mis alas se caen a pedazos por momentos y mis cabellos se tiñen oscuros por tratar de ocultarlos a este mundo extraño que jamás conocerá la belleza de mi querida…»

 

Aihna, ciudad de calles encantadas. En la lejanía se podría percibir su melodía acompañada de esa luz azul intenso que ha empapado mi cara cada mañana en aquellos días que no consigo recordar…Aihna, oh mi vida, cuánto tiempo ha espirado desde que no percibo el aroma enredado en tus cabellos, hojas que se mecen al viento que seca las lágrimas de los inmensos sauces llorones que guardan tu puerta.

He visto mundo, he aprendido nuevas lenguas, he buscado aquello que no conocía, he soñado…estoy orgullosa de lo que he hecho, los días que he pasado, —su cara bañada por un haz de juventud revelaba una edad no mayor a la veintena pero sus ojos adivinaban su verdadero ser— he visto cosas que no se pueden ver, cosas inimaginables de este mundo y de muchos otros, pero es ahora cuando siento que de verdad quiero volver a casa…dime pues, qué he de hacer o acabaré consumiéndome como hizo mi hermano…devorándome a mi misma en un mar de desesperación por intentar encontrar el origen de semejante abominación…

Cuentan que hace eones, en la ruinosa ciudad conocida ahora como Viandme, los soles brillaron con el mayor fulgor, que el verde era color sobre color y que el agua corría por su sistema llevando cada gota de sabiduría a sus gentes. No era una ciudad, era un organismo vivo, respiraba y sentía como te siento ahora a ti. La luz era su mayor virtud y la salvaje melodía de flautas y violines tronaba en las noches en las que la luna deshacía su cama y se dejaba acariciar por las estrellas.

Sus habitantes, seres codiciosos con la grandeza que poseían decidieron crear algo que protegiese por siempre su dicha de manos de aquellos que intentaban violar el corazón de la grandiosa Aihna, como la llamaban por aquel entonces. Para ello, cegados por la codicia y el deseo, abrieron a su amada en canal y tomaron un pedazo de su corazón a partir del cual os crearon a tí y a tu hermano Ziën. No erais más que dos gotas de sangre azulada cuando nacisteis.

Ziën…

Llevados por la envidia lograron corromper a tu hermano, llevándole al máximo caos tras la creación de todos aquellos mundos que has podido conocer durante tu misión.

En efecto, tras la desaparición de Ziën entre las sombras, te enviaron en su busca…hasta ahora. Tu marcha y con ello el abandono de la ciudad a manos de la locura hizo lo que ahora puedes ver, sin embargo escritos dicen que tras la extracción del corazón de Aihna se conservó un pedazo que sobró y que se conserva vivo en algún lugar del cosmos, la perdida y resplandeciente ciudad sin nombre…

El resto del alma de la metrópolis ha desaparecido por completo como puedes ver…mi niña —dijo acariciando su frío rostro— ya sabes el principio, ahora parte y trae contigo la continuación, nunca el final pues ni yo se si todo esto terminará algún día…sigue buscando a tu hermano y haz brillar de nuevo aquella a quien tanto amas y cura de odio y oscuridad a todo aquel desdichado ser que se cruce en tu camino y ante todo…

Aydan era jóven y apuesto, de largos cabellos plateados y con un rostro afable y alegre pero la sabiduría reflejada en sus ojos hacía estremecer a cualquiera. Había visto y oido más que nadie en cualquier esquina de este maldito lugar y me había costado la vida dar con él, sin embargo apenas le dejé terminar, ya había salido por la puerta con la sangre coagulada de odio y la chupa en la mano.

 

«Oh Mother Moon, illuminate my return ‘cause the road I took is so obscure…»